Cerré la
puerta a mis espaldas y me apoyé sobre ella, deslizándome hacia abajo
terminando sentada.
La verdad,
todo lo que había sucedido hoy parecía un sueño, un sueño inesperado.
Cuando subí
la vista, me encontré a las chicas cuchicheando a pocos centímetros de mí.
- Aquí sin
cuchicheos ¿eh? -.
- Te puedes
hacer una idea de lo que estamos diciendo. A parte, tarde o temprano nos ibas a
contar lo que ha pasado, aunque de eso ya nos hacemos una idea nosotras – dijo
Mar giñándome un ojo.
Yo solo me
limité a reírme.
Mis padres
nos llamaron pronto para ir a cenar, pero yo no probé absolutamente ni un
bocado.
- Hija, has
dejado intacta la cena, ¿te pasa algo? -.
- No nada,
simplemente que no tengo mucho hambre, he comido muy bien hoy -.
- Esa es la
primera opción, la segunda es que está intentando mantener la línea para alguno
de esos cinco que había hoy aquí -.
- ¡Papá!
Últimamente estás muy gracioso, ¿no? Pero solo es que no tengo hambre, nada más
-.
- Pues a mi
esos chicos me han caído muy bien, sobre todo el chico de rizos -.
- Eso es
porque no le conoces… – dije yo en medio de un susurro -.
Cuando
recogimos la mesa, las tres subimos a nuestra habitación a preparar las otras
dos camas.
Una vez que
ya estaba todo listo, mi móvil empezó a vibrar, pero antes de que yo pudiera
cogerlo, Bea se me adelantó.
- Veamos que
hay por aquí…
‘’ Buenas
noches princesa, espero que haya muchas noches como esta. Te quiere, el vecino
xx. ‘’
- ¡¿Qué?! -.
En cuanto Bea
terminó de leer el mensaje le quité el móvil rápidamente para leerlo yo.
- Que mono… -
dije -.
- Paola,
haber que hacéis, que te veo venir – dijo Bea.
- ¡Eres una
cerda! Tengo quince años por dios. Pero me dirás que no ha sido mono enviándome
el mensaje -.
Las dos me
pusieron una cara risueña, imitándome, y yo después las tiré un cojín.
Hicimos una
pequeña pelea de almohadas hasta que todas terminamos agotadas y nos acostamos
para dormir.
A la mañana
siguiente, me desperté más pronto de lo esperado. Ninguna de las chicas estaba
despierta, a si que bajé a la cocina y allí vi a mis padres. En la mesa estaba
puesto el desayuno y en el centro un gran ramo de rosas.
- Buenos días
cariño – dijeron mis padres.
- Buenos
días. Mamá, estás flores son preciosas -.
- Me alegro
de que te gusten, porque son para ti. Y no, no las he comprado yo.
Mis ojos se
abrieron como platos al escuchar aquellas palabras. Acerqué el ramo hacia mí y
busqué alguna tarjeta.
Entre todas
aquellas flores había un sobre color azul cielo con mi nombre escrito. Me alejé
de allí y me senté en uno de los sillones que había en el salón.
Lo abrí, y
empecé a leer.
‘’ No soy uno
de esos grandes poetas que saben expresar sus sentimientos con fluidez, ya lo
sabes. Simplemente decirte que gracias por todo, gracias por la tarde de ayer
Paola.
PD: Si para
que me des un beso me tengo que portar como un cabrón, te juro que lo haré.
Zayn xx. ‘’
Me llevé la
carta hacia el pecho y empecé a sonreír como una tonta.
Subí
rápidamente las escaleras y fui hacia mi habitación donde todavía estaban las
chicas. Abrí las cortinas y dejé que el sol iluminara todo el dormitorio.
- ¡Venga
panda de vagas, que es hora de levantarse! -.
Las dos
empezaron a moverse en la cama, de un lado a otro, a si que les quité la sabana de un tirón y las empecé a
balancear.
- Vamos, que
el desayuno ya está listo, que os tengo que contar una cosa -.
Al decir eso,
las dos se levantaron tan rápido que cuando me quise dar cuenta ya estaban en
la cocina.
Llevé el ramo
de rosas a mi habitación. Lo coloqué en la mesa de estudio, al lado de la
ventana. Giré la cabeza y allí le vi, con unos pantalones vaqueros y sin
camiseta. No lo pude evitar y me mordí el labio. Él miró por su ventana y
nuestras miradas se encontraron. Yo me limité a agachar la cabeza mientras me
reía.
- Mírala Bea,
nuestra enana se nos ha enamorado -.
Al escuchar
la voz pegué un brinco del susto.
- Joder,
últimamente no gano para sustos – dije recordando lo de Harry.
- Bueno, ¿qué
era eso que tenías que contarnos? -.
Cogí la carta
de la mesilla y se la di. Yo mientras busqué en el armario la ropa que me iba a
poner.
- Joder, un
beso que le das y el chaval se vuelve loco – dijo Mar.
- Bueeeno, a
lo mejor no solo fue uno – dije a medida que iba bajándola voz.
Las dos se
giraron hacia mí con los ojos como platos, y las conté todo lo que paso al
despedirnos, aunque era algo que ya se esperaban.
Salimos las
tres de casa en dirección al instituto. Hoy era jueves, por lo que solo
teníamos seis horas de clases.
Cuando
llegamos a la puerta principal todavía quedaban diez minutos para que nos
dejaran entrar. Alguien me tapó los ojos con las manos, y a modo de reacción,
le di un codazo en el estómago. La mano se apartó de mi cara y pude abrir otra
vez los ojos.
- ¡Zayn!
Dios, ¿estás bien? -.
- La próxima
vez vendré preparado para tus golpes – dijo llevándose los brazos al estómago y
agachándose más y más.
- ¿Y cómo
quieres que reaccionara? Imagínate que es un violador o alguien que me quiere
robar -.
- Eso no
pasaría nunca, estaría yo para protegerte – dijo incorporándose un poco.
Me acerqué a
él y cogí su barbilla para que me mirara.
- Muchas
gracias por las flores -. Me acerqué más a él.
Podía notar
cómo se ponía nervioso, y yo me reía. A sí que para bajar un poco la tensión,
le di un corto beso en los labios.
- Enserio, me
han gustado mucho, las he puesto en mi habitación y todo. Así siempre me
acordaré de ti. Valla, que cursi a sonado eso -.
Él rió.
- Pues que
sepas, que las cosas cursis que dices, me encantan -. Cogió mi cintura y de un
impulse me arrastró hacia él.
- Si si, no
seas pelota, que no te voy a dar otro beso -.
Sonó el
timbre y le di un beso en la mejilla.
Las clases
transcurrieron como siempre, lentas. Y sinceramente no había atendido ni a la
mitad de ellas. Estuve pensando en todo lo que había pasado desde que Zayn pasó
a ser mi vecino. Cambiaron muchas cosas en mi vida. Contaba con un amigo más,
uno que se que es de verdad, aunque después de lo de ayer, no sé si somos
amigos…o que somos. Haber, yo le quiero mucho, pero no se diferenciar si ese
sentimiento es de amistad, o de amor. Al estar cerca de él, no siento mariposas
en el estómago, pero sin embargo, cuando me mira, es como… no sé explicarlo.
Terminó la
última clase y todos nos dirigimos hacia la puerta. Hoy Zayn se iba a casa de
sus abuelos y no estaría los dos días siguientes, a si que nos despedimos y las
chicas y yo nos fuimos a casa.
Cuando
andamos poco más de un metro, vimos a un chico apoyado en un coche que nos
sonaba muchísimo. Él se quedó mirándonos, pero me extrañó mucho que en pleno
mes de noviembre llevara puestas unas gafas de sol.
Se las bajó y
me giñó un ojo. Me quedé de par en par cuando vi aquellos ojos otra vez. Me
acosa hasta en el instituto.
