- Hombre,
dichosos los ojos chico nuevo -.
En ese
momento se giró hacia mí. En sus manos tenía unos cascos que se puso al
instante, ignorándome por completo.
No hay cosa
que más me fastidie que pasen de mí sin razón, y como tenía que ir al mismo
sitio que él, no dudé ni un segundo en seguirle.
Al
encontrarme a su lado le empecé a llamar, pero no conseguía nada. Llevaba la
música al máximo diría yo, a si que le quité los cascos en seguida, a lo que el
reaccionó quitándomelos, pero yo me resistí.
- ¡¿Se puede
saber qué narices estás haciendo guapita?! – consiguió decir mientras me
quitaba finalmente los auriculares.
- Bueno, ya
veo que alguien no se ha levantado con muy buen pie esta mañana.
Mira, no sé
si lo de `chico nuevo´ que he dicho antes te habrá molestado, y si es así lo
siento, a mí no me gustaba que me llamaran así hace unos cuantos años. Pero
simplemente venía a saludarte – dije finalmente dándole la mano. – Si quieres
empezamos de nuevo. Encantada, me llamo Paola.
Él me
correspondió al saludo mientras se reía.
- Entonces no
eres inglesa – dijo él con voz interesante.
- Que va, soy
española. He nacido y vivido allí hasta los 4 años. Después me fui con la
familia de mi padre a Italia hasta los 7, y finalmente me vine a vivir aquí. Y
aquí sigo pasados 8 años.¿Y tú? No tienes mucha pinta de ser inglés de
sangre, sin ofender… -.
- Bueno, mi
madre es inglesa, pero mi padre es pakistaní -.
- Ya decía
yo, demasiado morenito eras tú para este sol inglés. – Y nada más decir eso,
nos empezamos a reír a carcajadas. – ¿Y todavía no has sido acosado por las
fans? Digo, es lo típico de ser una estrella de la música, ¿no?
Cada vez que
continuaba con la frase, sus ojos se habrían más y más.
- Sí, se que
eres cantante. Pero no te preocupes, no soy una de esas fans locas que se te
enganchan de la pierna para ir contigo a todos sitios -.
- Jajajaja,
pues sinceramente, me alegro de que no seas de esas.
Al decir eso,
yo me sonrojé como una tonta, pero no sabía el porqué. Sacar mis colores era
una de las cosas que nunca había conseguido controlar.
El resto del
camino había sido muy divertido. No parábamos de decir chorradas, por lo que la
poca gente que había a esas horas de la mañana se nos quedaba mirando.
Yo le
pregunté que si un día podía presentarse a mis amigas, ya que eran totalmente
fans del grupo, y él me contesto con un simple ‘’cuando quieras’’.
Historia.
Última hora de clase.
- Bien clase.
Quiero que me hagáis un trabajo en parejas sobre la Revolución Francesa, el
descubrimiento de América, o la Segunda Guerra Mundial en un país concreto.
Ahora os iré nombrando y quiero que valláis sacando un papel de esta urna, sin
hacer trampas.-
Los alumnos
se iban levantando poco a poco, hasta que mencionaron mi nombre.
Cerré los
ojos, cogí un papel cualquiera y lo abrí.
- ‘’Menuda
sorpresa’’ – pensé.
Se lo enseñé
al profesor y lo apuntó en una lista.
- Bien bien,
la señorita Fini con el señor Malik, me entusiasma ver el trabajo que van a
hacer los dos juntos – dijo el profesor intentando parecer interesante.
- Profesor,
yo ya les iría poniendo la nota, un 2 máximo – dijo uno de los chicos que había
en clase.
- Yo que tú
me iría callando, ¿o quieres que llamemos a tú mamá y te traiga el chupete
Ralf?.- Al terminar de decir eso todo el mundo empezó a reírse, pero el
profesor lo interrumpió con una de sus caras.
Nada más
terminar las clases, Zayn y yo nos dirigimos a la biblioteca preparados para
empezar a hacer el trabajo.
Elegimos el
descubrimiento de América, ya que era de lo que más fácil nos parecía.
Acordamos que Zayn buscaría en todo tipo de libro que encontrara, yo buscaría
en internet y después juntaríamos todas las ideas.
Nos tiramos
más de dos horas así, recopilando toda la información que podíamos, hasta que
decidimos seguir en casa para descansar un poco.
- ¡Dios mío!
¿Cuándo se supone que tenemos que entregar este trabajo? – pregunté yo
tumbándome en la cama
- Se supone
que dentro de dos días, pero el profesor no ha dicho que fuera obligatorio –
contestó él arqueando las cejas.
- Já já já,
muy graciosillo estás tú últimamente ¿no? – dije yo incorporándome.
- Encima te
quejas, que intento hacerte reír -.
En ese
momento, los dos nos quedamos mirándonos. Tenía unos ojos realmente preciosos,
y en aquel momento me di cuenta de que no hacía falta tener los ojos claro para
tener una bonita mirada.
Me quedé
sumergida en mis pensamientos, seguramente sonriendo como una tonta. Y cuando
reaccioné, notaba que cada vez se iba acercando más y más hacia mí, hasta el
punto que podía notar su respiración y escuchar los latidos de su corazón.
Nuestros labios estaban a punto de rozarse, hasta que giré la cabeza
bruscamente.
- Lo siento,
no debería, no puedo – dije con la mirada perdida.
Él
simplemente no contestó. Seguimos con el trabajo, cada uno por su lado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario